Una jornada sobre vacunas en el Congreso argentino incluyó una demostración sin respaldo científico: es falso que las vacunas contra la COVID-19 causen magnetismo

Durante un evento oficial celebrado en el Congreso argentino se volvió a afirmar, sin pruebas, que las vacunas contra la COVID-19 magnetizan el cuerpo humano.

LO QUE SE AFIRMA

“Las vacunas contra el COVID-19 contienen metales que magnetizan el cuerpo humano.”

LO QUE SABEMOS HASTA AHORA

Falso Ninguna vacuna contra la COVID-19 tiene componentes magnéticos; el efecto mostrado en el Congreso argentino se explica por fenómenos físicos comunes como la tensión superficial.

Una jornada sobre vacunas en el Congreso argentino incluyó una demostración sin respaldo científico

Un evento realizado en el día de ayer, 27 de noviembre, en el Anexo de la Cámara de Diputados de la Nación (Argentina) se convirtió en escenario de desinformación sanitaria. Organizado por la diputada Marilú Quiróz (PRO), la jornada fue anunciada como un espacio de “debate científico” sobre los efectos adversos de las vacunas contra la COVID-19, pero terminó propagando teorías ya desmentidas por la comunidad científica.

La escena más viralizada ocurrió cuando un expositor se quitó la camiseta frente al auditorio y, con ayuda de una persona del panel, intentó demostrar que un imán se adhería a su cuerpo debido a la vacunación. La licenciada en Biotecnología Lorena Diblasi acompañó la exhibición asegurando que aquello no podía explicarse por la grasa de la piel y que se trataba de una “magnetización”.

El video circuló rápidamente por redes sociales como X, Instagram y Facebook, reactivando una vieja narrativa que sostiene, falsamente, que las vacunas contienen metales o sustancias capaces de generar atracción magnética en el cuerpo humano.

Esta afirmación no tiene respaldo científico.

Las vacunas aplicadas en Argentina, como las de AstraZeneca, Pfizer, Sputnik V y Sinopharm, no contienen metales magnéticos ni ningún componente con capacidad para generar ese tipo de efecto. De hecho, su composición incluye elementos como proteínas, lípidos, sales y material genético (ARNm o vectores virales), todos ausentes de propiedades magnéticas. Esta información está documentada en las propias fichas técnicas de cada vacuna.

Expertos han explicado que el fenómeno de “objetos pegados al cuerpo” puede atribuirse a causas físicas simples, como la tensión superficial de la piel, el sudor o la oleosidad natural. En realidad, este efecto puede darse tanto en personas vacunadas como no vacunadas, y que no está vinculado con la composición de ninguna vacuna.

Durante la pandemia, este mismo bulo se viralizó en otros países y fue desmentido por organismos como la OMS y los CDC de Estados Unidos, que confirmaron que las vacunas no generan magnetismo, ni siquiera en el sitio de aplicación. El físico Alberto Nájera, consultado por Maldita en 2021, también apuntó que no existe material magnético transparente y fluido que pueda inyectarse con una aguja fina como las utilizadas en vacunación. Según aseguró en esos momentos, las vacunas contra la COVID-19 no contienen “ningún elemento químico o material que tenga propiedades magnéticas”.

De forma similar, en plena pandemia, el biólogo Fabricio Ballarini utilizó su cuenta oficial de Instagram para aclarar un fenómeno que generaba confusión: por qué algunos objetos parecían quedarse adheridos al brazo tras recibir una vacuna. Según explicó, esto se relaciona con un principio físico conocido como “tensión superficial” y también con la fricción entre el objeto y la piel. Ballarini describe la tensión superficial como “la superficie del agua que se comporta como si estuviera cubierta por una membrana muy delgada”. Gracias a esa propiedad, incluso elementos livianos como un clip o una aguja pueden mantenerse flotando. En uno de sus videos, el biólogo muestra cómo se le adhieren migas de pan y una cucharita de plástico en la mano, y aclara: “Los objetos, no solo los objetos imantados, pueden pegarse a nosotros porque existe una propiedad que se llama ‘tensión superficial’. El agua que hay entre los objetos y nuestro dedo genera una especie de ‘pegatina’”.

El evento en Diputados fue duramente criticado por sectores políticos y profesionales de la salud. Mientras se realizaba el acto, otro grupo de legisladores convocó a un plenario en defensa de la vacunación y la salud pública. El país atraviesa una baja en las coberturas de inmunización infantil y un aumento de casos de enfermedades prevenibles como el sarampión y la tos convulsa.

De hecho, el mismo día que se celebró el evento, el ministro de Salud de la Nación, Mario Lugones, se pronunció en la red social X, donde destacó que el Calendario Nacional de Vacunación está respaldado por décadas de evidencia científica. Señaló además que todas las vacunas incluidas fueron sometidas a estrictos procesos de evaluación que aseguran su seguridad, eficacia y calidad. Recordó que “el Calendario Nacional de Vacunación [de Argentina] contiene vacunas que se sostienen en evidencia científica y en décadas de uso seguro”, y que “cada vacuna incluida pasó por evaluaciones rigurosas que garantizan su calidad y eficacia.”

Recordar que, el 11 de noviembre, la diputada Marilú Quiróz impulsó un proyecto en el Congreso con el objetivo de reexaminar la obligatoriedad de las vacunas establecida por la Ley 27.491. Según planteó, esa legislación —vigente desde 2018— estaría en conflicto con los derechos vinculados al consentimiento informado y la autonomía del paciente, incorporados más recientemente en la Ley 27.797, conocida como Ley Nicolás, aprobada en 2024.

Pese al tono de “debate abierto” que intentó dar Quiróz a la actividad, los contenidos expuestos no reflejan evidencia científica ni respetan los estándares básicos de rigurosidad. Por tanto, calificamos las afirmaciones como falsas.

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