LO QUE SE AFIRMA
La vacuna contra la hepatitis B debería retrasarse en recién nacidos, ya que no están en riesgo inmediato.
La vacuna contra la hepatitis B debería retrasarse en recién nacidos, ya que no están en riesgo inmediato.

Recientemente, tanto Robert F. Kennedy Jr. como el presidente de su nuevo comité asesor sobre vacunas, Martin Kulldorff, han cuestionado públicamente la necesidad de vacunar a todos los recién nacidos contra la hepatitis B. Kulldorff, exprofesor de Harvard y crítico de las políticas de salud pública durante la pandemia, planteó en la primera reunión del comité si era «prudente» vacunar a cada bebé antes de abandonar el hospital, sugiriendo que esta decisión debería revisarse con la creación de otro grupo que analizará las vacunas que no han sido revisadas «en más de siete años».
En su intervención, Kulldorff afirmó que la hepatitis B es una enfermedad que se transmite principalmente a través de relaciones sexuales o uso compartido de agujas, y sugirió que la vacunación podría retrasarse en recién nacidos que no estén en riesgo inmediato.
Sin embargo, las dudas de Martin Kulldorff no se sostienen con la evidencia científica actual.
La hepatitis B es una enfermedad grave del hígado que puede causar cirrosis, cáncer hepático y muerte. En los bebés, el riesgo de cronificación tras la infección es de hasta el 90%, según encontró un estudio publicado en 2012, y uno de cada cuatro infectados de forma perinatal morirá por causas relacionadas con el virus si no recibe tratamiento. Aunque la transmisión sexual o por agujas es común en adultos, los bebés pueden contagiarse durante el parto o por contacto con fluidos de cuidadores infectados, incluso sin síntomas.
Los especialistas recuerdan que el argumento de Kulldorff ya fue abordado —y superado— hace décadas, cuando un enfoque selectivo basado en factores de riesgo demostró ser insuficiente para contener la transmisión. En aquellos momentos, la estrategia de vacunación selectiva basada solo en madres diagnosticadas fracasó en Estados Unidos en los años 80. Fue la implementación de la vacunación universal al nacimiento, en 1991, lo que logró reducir en un 67% los casos agudos en la población general y en un 89% entre menores de 19 años, de acuerdo a datos de los CDC. No en vano, antes de esa fecha, Estados Unidos registraba unos 18.000 casos anuales en menores de 10 años. Esta estrategia ha sido avalada por la OMS y por estudios como el publicado en 2021, que vinculan la vacunación con una disminución en la mortalidad general y por cáncer décadas después.
Además, aunque es cierto que las madres embarazadas son sometidas a pruebas para detectar el virus, los resultados pueden no estar disponibles a tiempo, contener errores o no reflejar infecciones recientes. Por ello, vacunar a todos los recién nacidos actúa como una red de seguridad efectiva, tal como explican los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) en sus recomendaciones vigentes desde 2018, que siguen las recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud (OMS).
En relación a sus efectos adversos, la vacunación contra la hepatitis B, basada en información del Comité Asesor de Vacunas (CAV) y la Asociación Española de Pediatría (AEP), se considera segura y eficaz, con reacciones adversas leves y transitorias.
En el contexto de este debate reactivado sobre la vacunación contra la hepatitis B en recién nacidos, una revisión científica publicada recientemente en la revista Vacunas refuerza la evidencia sobre el impacto positivo de esta inmunización. El estudio, elaborado por los expertos Jaime Jesús Pérez Martín y Victoria Uroz Martínez, analiza datos epidemiológicos de distintos países y concluye que la vacunación sistemática ha sido clave para reducir drásticamente la incidencia de infección crónica, la transmisión vertical del virus y la aparición de cáncer hepático. En países como Taiwán, China o Irán, donde la inmunización se introdujo de forma temprana, se han observado caídas significativas en los casos de hepatocarcinoma. En España, la vacunación universal infantil ha mantenido coberturas superiores al 93% durante más de dos décadas, acompañada por una notable disminución de la hepatitis B aguda y sus complicaciones. Según la revisión, aunque persisten retos en poblaciones vulnerables, la estrategia de vacunación desde el nacimiento ha demostrado ser una herramienta de salud pública altamente efectiva.
Durante su intervención, Kulldorff también anunció la creación de un grupo de trabajo para estudiar los “efectos acumulativos” del calendario vacunal infantil, insinuando que podrían existir riesgos no evaluados al administrar múltiples vacunas. Concretamente, otra de las inquietudes planteadas fue la necesidad de evaluar los posibles efectos acumulativos del calendario vacunal infantil, incluyendo la interacción entre distintas vacunas y sus ingredientes. Esta línea de razonamiento ha sido utilizada repetidamente en discursos contra las vacunas, pese a que la comunidad científica ha evaluado exhaustivamente la seguridad del calendario de inmunización actual.
Los ensayos clínicos para autorizar nuevas vacunas, explican expertos como Paul Offit, incluyen pruebas sobre cómo estas interactúan con las vacunas ya presentes en el esquema recomendado. Además, numerosos estudios internacionales han concluido que los niños reciben más estímulos inmunológicos por el contacto diario con su entorno que por todas las vacunas juntas.
Cabe recordar que esta no es la primera vez que se cuestiona la necesidad o la seguridad de la vacuna contra la hepatitis B. Hace apenas unos días, ya verificamos en este medio una afirmación de Robert F. Kennedy Jr. que acusaba falsamente a los CDC de ocultar un supuesto estudio que vinculaba esta vacuna con un aumento del riesgo de autismo. Como demostramos entonces, ni existió el encubrimiento ni hay evidencia científica que relacione esta vacuna con trastornos del espectro autista.
Este artículo de verificación fue publicado originalmente el 25 de julio de 2025 y actualizado el 25 de agosto de 2025 para incluir una revisión científica recientemente publicada sobre el impacto de la vacunación contra la hepatitis B.
Referencias:
Fuente del reclamo: Martin Kulldorff, presidente del nuevo comité asesor de vacunas del Departamento de Salud y Servicios Humanos de Estados Unidos (HHS)
Contenido verificado: 25 de julio de 2025 a las 15:55 horas
Artículo de verificación actualizado: 25 de agosto de 2025 a las 16:34 horas
Recursos que hemos utilizado: Intervenciones públicas de Martin Kulldorff en el comité asesor de Kennedy Jr. (YouTube) / Estudios científicos sobre transmisión y cronificación de hepatitis B en bebés (Elsevier 2012 / Journal of Infectious Diseases 2012 / Pediatric Infectious Disease Journal 2010) / Evidencia histórica de la estrategia de vacunación (JAMA años 80 / CDC 1991 y 2018) / Datos y recomendaciones de la OMS sobre hepatitis B (WHO, ficha técnica) / Información del Comité Asesor de Vacunas y la Asociación Española de Pediatría (AEP, manual de vacunación) / Revisión científica publicada en Vacunas 2025 (Pérez Martín y Uroz Martínez) / Opiniones de expertos en vacunología como Paul Offit (Children’s Hospital of Philadelphia) / Estudios internacionales sobre seguridad del calendario vacunal infantil

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