Es falso que este estudio sobre muertes súbitas en Europa relacione el aumento con las vacunas contra la COVID-19: analiza datos de 2010 a 2020

El estudio viralizado sobre muerte súbita en Europa usa datos previos a la vacunación contra la COVID-19 y no relaciona el aumento con las dosis.

LO QUE SE AFIRMA

“Este informe sobre muertes súbitas en Europa demuestra que las vacunas contra la COVID-19 han provocado el aumento.”

LO QUE SABEMOS HASTA AHORA

Falso El estudio usa datos de 2010 a 2020, antes de la vacunación masiva, y no relaciona las vacunas contra la COVID-19 con el aumento de muertes súbitas en Europa.

Es falso que este informe sobre muertes súbitas en Europa relacione el aumento con las vacunas contra la COVID-19: analiza datos de 2010 a 2020

Un mensaje difundido en X por El Mundo (archivado aquí), con más de 114.000 visualizaciones, ha reavivado una idea repetida desde hace años en redes sociales: que el aumento de la muerte súbita estaría relacionado con las vacunas contra la COVID-19. La publicación (archivada aquí), resumía un estudio científico que sitúa a España como el país europeo con mayor incremento anual de mortalidad atribuida a muerte súbita entre 2010 y 2020. Tras su difusión, numerosos comentarios han vinculado automáticamente esa subida con la campaña de vacunación, como podemos ver aquí o aquí.

Sin embargo, esa interpretación no encaja con los datos del propio trabajo científico. El estudio, publicado en The Lancet Regional Health – Europe, utiliza registros oficiales de mortalidad de la Organización Mundial de la Salud correspondientes al periodo 2010-2020. Es decir: analiza una década que transcurre prácticamente por completo antes de que comenzara la vacunación masiva frente al coronavirus en Europa, iniciada a finales de diciembre de 2020.

La investigación revisó información de 26 países europeos y contabilizó más de 2,58 millones de fallecimientos clasificados como muerte súbita. Los autores detectaron una tendencia ascendente en Europa durante esos años y calcularon un incremento acumulado cercano al 31% en la tasa ajustada por edad. En el caso español, el aumento medio anual estimado fue del 3,3%, el más alto entre los países analizados.

Ese dato ha sido utilizado en redes para insinuar una relación con las vacunas. Pero el calendario lo desmiente. Las primeras dosis comenzaron a administrarse cuando el periodo analizado estaba terminando. Además, los investigadores realizaron una comprobación adicional excluyendo 2020 —año marcado por la pandemia— y observaron que la tendencia creciente seguía presente. Es decir, el fenómeno ya existía antes del coronavirus y antes de cualquier vacunación.

El catedrático de Parasitología de la Universitat de València, Rafael Toledo, ha intervenido en X para responder a quienes culpan a las vacunas sin leer el estudio. Recuerda que el estudio “está basado en datos recogidos entre 2010 y 2020”. También critica que muchos usuarios aseguren conocer la causa real sin revisar el trabajo científico: “Es lo que tiene leer e informarse. O mejor, no leer y hablar desde la desinformación”. Su mensaje apunta al principal problema detectado en este caso: se usa un titular real para sostener una conclusión que el estudio no contiene.

Qué concluyen realmente los investigadores

La interpretación final del trabajo apunta a factores demográficos y sanitarios mucho más amplios: cambios por sexo y región, mayor carga de riesgo cardiovascular en mujeres y transformaciones poblacionales en distintas zonas de Europa. También reclaman estrategias multidisciplinares para frenar la tendencia. No hablan de vacunas como explicación del fenómeno estudiado.

Además, los autores recuerdan que se trata de un análisis descriptivo basado en certificados de defunción y códigos estadísticos, útil para observar tendencias, pero no para establecer relaciones causales directas entre una causa concreta y todos los casos.

Los autores tampoco atribuyen el aumento a una causa concreta. De hecho, subrayan que se trata de un estudio descriptivo basado en certificados de defunción y códigos estadísticos, útil para detectar tendencias poblacionales, pero no para establecer relaciones causales directas. Señalan como posibles factores generales las diferencias entre países en riesgo cardiovascular, envejecimiento demográfico, acceso sanitario, sistemas de emergencias o formas de certificar las causas de muerte.

Otro elemento importante es qué entiende el estudio por “muerte súbita”. No se limita a eventos cardiacos. También puede incluir fallecimientos repentinos por embolias pulmonares, causas neurológicas, intoxicaciones u otras situaciones agudas registradas bajo determinados códigos médicos. Por eso los propios investigadores advierten de que comparar países requiere cautela, ya que no todos registran igual estos casos.

En resumen: usar este estudio como prueba contra las vacunas no solo carece de respaldo científico, sino que contradice el periodo temporal analizado. Los datos muestran una tendencia anterior a la vacunación y no permiten concluir que las dosis contra la COVID-19 expliquen el aumento observado.

Qué dice la evidencia científica reciente sobre vacunas y muerte súbita

Más allá de este estudio europeo, varios estudios recientes analizan directamente si existe relación entre vacunación y muerte súbita.

Un estudio poblacional en Ontario (Canadá), publicado en PLOS Medicine este año, concluyó que sus resultados no respaldaban la hipótesis de que las vacunas contra la COVID-19 aumenten el riesgo de muerte súbita en personas jóvenes y sanas.

Otro trabajo nacional en Francia, publicado en JAMA Network Open en 2025 con 28 millones de personas de entre 18 y 59 años, no encontró aumento de mortalidad global a cuatro años entre vacunados con vacunas ARNm.

En Oregón, los CDC revisaron fallecimientos de jóvenes entre 16 y 30 años, entre junio de 2021 y diciembre de 2022, y concluyeron que los datos no apoyan una asociación entre vacunación mRNA y muerte súbita cardiaca.

Eso no significa que no existan efectos adversos raros. La literatura científica sí ha documentado eventos poco frecuentes como miocarditis o pericarditis, especialmente en determinados grupos de edad y sexo, generalmente con baja incidencia y evolución favorable.

Veredicto

Falso. El estudio citado no demuestra que las vacunas contra la COVID-19 hayan provocado más muertes súbitas en España o Europa. Analiza datos de 2010 a 2020, un periodo previo a la vacunación masiva, por lo que no puede utilizarse como prueba de esa relación.

Referencias:

 

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