Elon Musk amplifica una afirmación engañosa y sin evidencia sobre decenas de miles de muertes por las vacunas contra la COVID-19 en Alemania

No hay pruebas de que las vacunas contra la COVID-19 causaran entre 20.000 y 60.000 muertes en Alemania: la afirmación viral amplificada por Elon Musk tergiversa datos oficiales y carece de respaldo científico.

LO QUE SE AFIRMA

“Entre 20.000 y 60.000 personas murieron en Alemania por la vacuna contra la COVID-19, según un exdirectivo de Pfizer.”

LO QUE SABEMOS HASTA AHORA

No existen pruebas de decenas de miles de muertes causadas por las vacunas contra la COVID-19 en Alemania; la cifra viral surge de interpretar de forma incorrecta notificaciones sanitarias que no demuestran causalidad.

Elon Musk amplifica una afirmación engañosa y sin evidencia sobre las vacunas contra la COVID-19 y supuestas muertes en Alemania

Un mensaje viral publicado en X (archivado aquí) por el activista ultraderechista Peter Imanuelsen, conocido en redes como PeterSweden, asegura que un supuesto “insider de Pfizer” calculó que entre 20.000 y 60.000 personas murieron en Alemania por la vacuna contra la COVID-19. El contenido, compartido después por Elon Musk (archivado aquí), suma más de 120 millones de visualizaciones entre ambas publicaciones y decenas de miles de compartidos. La publicación también ha sido difundida en España por cuentas de X y por diarios digitales, con titulares como: «Hasta 60.000 personas pudieron morir en Alemania por los efectos de la vacuna del covid, según el exjefe de toxicología de Pfizer» (archivado aquí).

La afirmación no está respaldada por pruebas y parte de una interpretación errónea de los sistemas de farmacovigilancia. No existen datos oficiales ni estudios científicos solventes que sostengan una mortalidad masiva causada por las vacunas en Alemania.

El origen del mensaje está en una comparecencia celebrada el 19 de marzo de 2026 en una comisión parlamentaria alemana sobre la gestión de la pandemia. Allí intervino Helmut Sterz, presentado en redes como antiguo responsable de toxicología de Pfizer en Europa.

Sin embargo, la propia información pública sobre su trayectoria indica que dejó la compañía en 2009, más de una década antes de la pandemia y antes del desarrollo de las vacunas contra la COVID-19. Pfizer también señaló que no trabajaba en la empresa durante ese periodo y no participó en el diseño ni evaluación de esas vacunas. Además, Sterz figura como miembro del colectivo alemán Mediziner und Wissenschaftler für Gesundheit, Freiheit und Demokratie (“Médicos y científicos por la salud, la libertad y la democracia”), una organización crítica con las restricciones sanitarias aplicadas durante la pandemia, como los confinamientos. Integrantes del grupo promovieron tratamientos sin eficacia demostrada frente a la COVID-19, entre ellos el dióxido de cloro, un producto químico utilizado como blanqueador. Entre sus miembros también se encontraban la microbióloga Sucharit Bhakdi y el fallecido patólogo Arne Burkhardt, ambos conocidos por difundir afirmaciones falsas o engañosas sobre las vacunas contra la COVID-19.

El cálculo de Sterz se basa en informes de fallecimientos notificados tras la vacunación al sistema alemán de vigilancia sanitaria gestionado por el Paul Ehrlich Institute (PEI). Pero esos registros no prueban causalidad. Recogen eventos ocurridos después de vacunarse, no necesariamente provocados por la vacuna.

Es un matiz clave: cuando se administran millones de dosis, algunas personas fallecen por causas naturales días o semanas después, simplemente por coincidencia temporal.

Durante su intervención, Sterz sostuvo que el PEI había recibido 2.133 notificaciones de fallecimientos tras la administración de la vacuna de Pfizer/BioNTech. Esa cifra aparece efectivamente en un informe oficial del PEI publicado en 2024 y recoge los casos comunicados hasta finales de ese año después de la vacunación. Sin embargo, el propio organismo alemán advierte de que registrar una muerte después de vacunarse no significa automáticamente que la vacuna la haya causado. El informe señala que muchos casos pueden explicarse por enfermedades previas, comorbilidades, medicación simultánea u otros factores, y que en algunos expedientes la información disponible es limitada. De hecho, tras revisar esas notificaciones, el PEI concluyó que solo 28 de los 2.133 casos presentaban una relación causal “posible o probable” con la vacunación. El mismo documento indica además que en Alemania se habían administrado más de 138 millones de dosis de esa vacuna.

El catedrático de epidemiología y salud pública de la Universidad Paris-Saclay en Francia, Mahmoud Zureik, explicó a FactCheck.org que confundir coincidencia con causalidad lleva a conclusiones falsas. También recordó que los sistemas de notificación sirven para detectar señales que luego deben investigarse con estudios clínicos y epidemiológicos más sólidos, pero que tales afirmaciones no están respaldadas ˝por la mejor evidencia científica disponible˝.

El profesor Jeffrey S. Morris, director de Bioestadística de la Universidad de Pensilvania y colaborador de Factico en anteriores verificaciones, señaló que este método asume implícitamente una tasa de mortalidad de fondo igual a cero, algo irreal. Alemania registra miles de fallecimientos semanales por múltiples causas ajenas a cualquier vacuna.

Además, señala que Sterz multiplica esos reportes por un supuesto factor de infradeclaración de 30 veces para alcanzar la cifra de 60.000 muertes, un completo ˝error˝, tal y como ha recalcado en su publicación en X. Los expertos consultados consideran ese multiplicador arbitrario y sin base científica. Los sistemas pasivos pueden sufrir tanto infranotificación como sobrerreporte, especialmente en contextos de gran atención mediática.

Este tipo de afirmaciones suelen apoyarse en una falacia lógica conocida como post hoc ergo propter hoc (“después de esto, luego por causa de esto”): asumir que, si un fallecimiento ocurre tras la vacunación, necesariamente fue provocado por ella. Sin embargo, tal y como hemos visto, la coincidencia temporal no demuestra causalidad. Precisamente por eso los sistemas de farmacovigilancia requieren análisis médicos y estudios estadísticos antes de establecer una relación causal real.

La evidencia acumulada durante los últimos años apunta en sentido contrario al bulo viral. Grandes estudios poblacionales en distintos países no han detectado un aumento general de la mortalidad entre personas vacunadas. Por ejemplo, un estudio publicado en diciembre de 2025 —con datos de 28,7 millones de personas seguidas durante 4 años en Francia— confirmó que las personas vacunadas presentaban menos probabilidades de morir que las no vacunadas. Este estudio, además, concluyó que los resultados no mostraban «un mayor riesgo de mortalidad por todas las causas a los 4 años en personas de entre 18 y 59 años vacunadas contra la COVID-19».

Otro estudio concluyó que, en Nueva Zelanda, el exceso de mortalidad durante 2020-2023 coincidió principalmente con las muertes atribuidas a la COVID-19, no con la vacunación. Un análisis publicado en The Lancet estimó que, desde su primera implementación el 8 de diciembre de 2020 hasta el 8 de diciembre de 2021, las vacunas contra la COVID-19 evitaron más de 14 millones de muertes en todo el mundo. De forma similar, un estudio de la Organización Mundial de la Salud (OMS) concluyó que las vacunas contra la COVID-19 evitaron más de 1,4 millones de muertes solo en Europa.

Conviene precisar que la vacunación frente a la COVID-19 no demuestra por sí sola una reducción del riesgo de fallecer por causas no relacionadas con esta enfermedad. Sin embargo, la evidencia disponible procedente de numerosos estudios sí coincide en un punto: las vacunas contra la COVID-19 no se asocian con un incremento del riesgo de muerte, en contra de lo que sostienen estas afirmaciones.

En este sentido, las campañas de vacunación redujeron hospitalizaciones y salvaron millones de vidas durante la pandemia.

Como cualquier medicamento, las vacunas pueden producir efectos adversos raros, algunos graves, pero eso no equivale a una mortalidad masiva ni justifica cifras lanzadas sin respaldo científico.

Veredicto

La afirmación viral es engañosa y carece de evidencia. No existen pruebas de que entre 20.000 y 60.000 personas murieran en Alemania por las vacunas contra la COVID-19. La cifra difundida por Peter Imanuelsen y amplificada por Elon Musk parte de una interpretación incorrecta de los sistemas de farmacovigilancia, que registran sucesos ocurridos tras la vacunación pero no demuestran que hayan sido causados por ella. Además, se apoya en cálculos sin respaldo metodológico que contradicen la evidencia científica disponible.

Referencias:

 

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