No, el hantavirus no aparece como “efecto secundario” confirmado de la vacuna de Pfizer contra la COVID-19

Publicaciones virales sacan de contexto un documento de farmacovigilancia de Pfizer para afirmar falsamente que el hantavirus es un efecto secundario confirmado de la vacuna contra la COVID-19.

LO QUE SE AFIRMA

“El hantavirus está listado en el documento de 38 páginas de Pfizer. Página 33. Es uno de los 1.233 efectos secundarios listados.”

LO QUE SABEMOS HASTA AHORA

Falso El hantavirus figura en una lista de "eventos adversos de especial interés" monitorizados por farmacovigilancia, no como un efecto secundario confirmado causado por la vacuna contra la COVID-19.

El hantavirus no aparece como “efecto secundario” confirmado de la vacuna de Pfizer contra la COVID-19

Publicaciones virales en X han vuelto a reactivar una narrativa ya conocida sobre la vacuna contra la COVID-19 de Pfizer. Esta vez, varios usuarios compartieron capturas de un documento de farmacovigilancia asegurando que el hantavirus figura entre los “1.233 efectos secundarios” asociados a la vacuna.

Uno de los mensajes más difundidos (archivado aquí) fue publicado el 7 de mayo de 2026 por la cuenta “Mr. Whale” (@CryptoWhale), que acumula miles de seguidores en redes sociales. La publicación superó los 2,6 millones de visualizaciones y afirmaba que “el hantavirus está listado en el documento de 38 páginas de Pfizer”, insinuando además que la vacuna podría “transformarse en un virus”.

Otro mensaje similar (archivado aquí) alcanzó decenas de miles de visualizaciones en pocas horas y repitió la misma interpretación del documento.

Sin embargo, la afirmación es falsa. El documento citado no identifica el hantavirus como un efecto secundario demostrado de la vacuna, sino como parte de una lista de vigilancia utilizada durante el seguimiento de seguridad del fármaco.

La captura difundida en redes corresponde a un informe interno de farmacovigilancia elaborado por Pfizer en 2021 y publicado posteriormente dentro de la documentación liberada tras solicitudes de transparencia realizadas en Estados Unidos, titulado «5.3.6 ANÁLISIS ACUMULATIVO DE LOS INFORMES DE EVENTOS ADVERSOS POST-AUTORIZACIÓN DE PF-07302048 (BNT162B2) RECIBIDOS HASTA EL 28 DE FEBRERO DE 2021» (archivado aquí). El documento salió a la luz tras una solicitud presentada el 16 de septiembre de 2021 por un grupo de más de 30 profesores y científicos vinculados a universidades y centros científicos de Estados Unidos, como las universidades como Harvard, Yale, Brown y UCLA.

En la página señalada por los usuarios (página número 33 del documento), aparece el término “hantavirus pulmonary infection” (“infección pulmonar por hantavirus”), pero incluido dentro de una categoría denominada “Eventos Adversos de Especial Interés” (AESI, por sus siglas en inglés),

Ese apartado no funciona como una lista de efectos secundarios confirmados. Se trata de un catálogo amplio de distintas condiciones de salud que las autoridades sanitarias y las farmacéuticas monitorizan de forma preventiva durante campañas de vacunación masiva y ensayos clínicos, que no se deben a la vacuna.

La propia documentación explica que los eventos incluidos se recopilan “independientemente de la evaluación de causalidad”, es decir, sin que exista una prueba de que la vacuna haya provocado esas enfermedades. De hecho, el propio documento, en su apartado de Metodología (página 5), aclara que la inclusión de un caso en estos registros no implica automáticamente que exista una relación causal con la vacuna. En otras palabras, que una enfermedad aparezca mencionada en la lista no significa que haya sido provocada por el fármaco, sino que forma parte de los eventos que debían ser monitorizados durante el seguimiento de seguridad.

Los sistemas de farmacovigilancia están diseñados precisamente para detectar señales tempranas de seguridad. Por eso incorporan afecciones muy diversas, incluso extremadamente raras, con el objetivo de investigar si existe o no una relación real con el medicamento administrado.

Expertos en salud pública y organismos reguladores internacionales llevan años aclarando que la presencia de un evento en estas bases de datos no demuestra causalidad.

Tanto los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de Estados Unidos (CDC) como la Administración de Alimentos y Medicamentos (FDA) advierten que los reportes posteriores a la vacunación no pueden interpretarse automáticamente como efectos causados por la vacuna.

La difusión de esta narrativa coincide con la atención mediática generada por un brote reciente de hantavirus investigado por autoridades sanitarias internacionales tras varios casos detectados en un crucero turístico. Ese contexto ha contribuido a amplificar publicaciones que relacionan erróneamente el virus con las vacunas contra la COVID-19.

Como nos comentó en una ocasión anterior el epidemiólogo y vacunólogo Amós García, el hantavirus es una enfermedad poco frecuente transmitida habitualmente por roedores infectados, especialmente a través de saliva, orina o excrementos. No existe evidencia científica de que las vacunas de Pfizer puedan provocar esta infección o “convertirse” en un virus distinto.

Las autoridades sanitarias continúan monitorizando la seguridad de las vacunas mediante sistemas de vigilancia permanentes, precisamente para identificar posibles riesgos reales y diferenciarlos de coincidencias temporales o interpretaciones erróneas de documentos técnicos.

Referencias:

 

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