¿Qué debemos saber sobre la pérdida por parte de España del estatus de país libre de sarampión y qué significa realmente? Los expertos responden

La OMS considera que España ya no cumple los criterios de eliminación del sarampión tras detectarse cadenas de transmisión prolongadas en 2024. Esto es lo que significa.

QUÉ HA PASADO

La OMS concluye que España ya no cumple los criterios de “eliminación” del sarampión tras analizar los datos de 2024, por la existencia de cadenas de transmisión prolongadas.

QUÉ RIESGOS HAY

Para las personas correctamente vacunadas el riesgo es muy bajo, pero aumenta la exposición por más casos, viajes y movimientos migratorios, sobre todo donde hay bolsas con baja cobertura.

POR QUÉ IMPORTA

El sarampión es extremadamente contagioso (R₀ 12–18) y para frenar su transmisión se necesitan coberturas ≥95% con dos dosis, además de vigilancia y respuesta rápida ante casos y brotes.

¿Qué debemos saber sobre la pérdida por parte de España del estatus de país libre de sarampión y qué significa realmente?

España ya no figura entre los países con el sarampión eliminado según la Organización Mundial de la Salud (OMS). La decisión, adoptada tras evaluar los datos de 2024, ha generado inquietud y también confusión. ¿Significa que el virus vuelve a circular sin control? ¿Ha fallado la vacuna? ¿Estamos ante un riesgo inmediato para la población?

Los informes oficiales y el análisis de expertos apuntan a una realidad más compleja y menos alarmista.

Qué significa realmente “eliminación”

El pediatra y colaborador del Comité Asesor de Vacunas de la Asociación Española de Pediatría, Ángel Hernández-Merino, nos ha insistido en que el primer paso es entender el término técnico.

“Un país o región ha eliminado el sarampión cuando cumple estas tres condiciones: 1.- Se interrumpe la cadena de transmisión tras un caso o brote durante al menos 12 meses consecutivos. O dicho de otra forma, no se detectan nuevos casos asociados al caso índice o a cualquier caso de un brote durante al menos 12 meses. 2.- Esta situación se mantiene -y verifica- durante tres años consecutivos. 3.- Todo ello en presencia de un sistema de vigilancia epidemiológica eficaz y estable.”

A partir de los datos de 2024, explica, “la OMS ha estimado que en España se ha restablecido la transmisión endémica, es decir que ha habido cadenas de transmisión que no han superado el criterio de interrupción por más de 12 meses sucesivos. De continuar esta situación, la OMS declarará que nuestro país es endémico para el sarampión (como lo son, actualmente, Alemania, Francia e Italia entre otros de la región europea de la OMS).”

Concretamente, en 2024, se notificaron oficialmente 227 casos confirmados de sarampión en España. Una cifra que, por sí sola, podría parecer modesta, pero que representa un salto notable respecto a los 11 casos detectados en 2023. Los expertos consultados recalcan que más preocupante es la tendencia. Y es que, en 2025, hasta finales de diciembre, se habían registrado 397 diagnósticos confirmados, lo que consolida un repunte que ya no puede atribuirse al azar ni a episodios aislados.

La pérdida del estatus, por tanto, es una conclusión técnica basada en criterios epidemiológicos muy concretos.

A diferencia de lo que ha ocurrido en España, los casos de sarampión en Europa y Asia Central se redujeron de forma notable en 2025, según los datos preliminares remitidos por 53 países de la Región Europea de la Organización Mundial de la Salud (OMS). En total, se notificaron 33.998 contagios, frente a los 127.412 registrados en 2024, lo que supone una caída cercana al 75 %. El descenso coincide con las cifras provisionales difundidas esta semana por el Centro Europeo para la Prevención y el Control de Enfermedades (ECDC).

¿Existe un riesgo inmediato?

Hernández-Merino responde con cautela. “Los datos indican que la cobertura vacunal en España sigue siendo buena en general (en 2024: primera dosis ≥95% y para la segunda ≥90%, pero sin olvidar que en algunas comunidades autónomas esta segunda dosis está por debajo del 90%) y que la gran mayoría de los casos detectados ocurren en personas no vacunadas. Esto permite concluir en que el riesgo para las personas vacunadas es muy bajo.”

No obstante, introduce un matiz importante: “Pero hay que señalar, a la vez, que el riesgo de exposición al virus del sarampión es creciente, debido al incremento del número de nuevos casos y al aumento de los viajes internacionales y los movimientos migratorios (inmigración desde países con incidencia elevada, viajes por ocio u otros motivos a zonas del mundo con sarampión).”

El riesgo no es uniforme. Es bajo para quienes están correctamente vacunados, pero aumenta en entornos con menor cobertura.

Por qué se ha producido este retroceso

Los datos de vigilancia muestran que una parte relevante de los casos confirmados fueron importados —principalmente desde Rumanía y Marruecos— o relacionados con esas importaciones. Ambos países presentan incidencias elevadas y mantienen vínculos migratorios y de movilidad intensos con España.

Al mismo tiempo, existen diferencias territoriales en cobertura. Hernández-Merino detalla que, en 2024, la segunda dosis presentaba cifras inferiores al 90% en territorios como Ceuta (70,4%), Cantabria (82,1%), Aragón (83,6%), Baleares (88%) o Canarias (89%), y en otras comunidades se situaba entre el 90,8% y el 91,5%.

Recuerda que “el objetivo de vacunación es que esta alcance (con dos dosis) a, al menos, el 95% de la población.”

Quiénes son los grupos más vulnerables

El experto identifica con precisión los colectivos en los que se concentran las brechas de inmunidad: “Adultos nacidos desde 1978, especialmente los nacidos en los años siguientes a la fecha indicada pues durante los primeros años de administración de la vacuna contra el sarampión, la vacunación tuvo un alcance desigual y limitado en algunas regiones de España.”

También menciona a las personas migrantes procedentes de países con alta incidencia y a los menores de 12 meses, que aún no han recibido la primera dosis.

Sobre estos últimos señala: “En circunstancias especiales, estos niños podrían recibir la primera dosis a partir de los 6 meses (dosis que, en este caso, no debe contabilizar para la pauta general de dos dosis).”

Además, recuerda que “los nacidos en España antes de 1978 se consideran inmunes, pues antes de esa fecha la incidencia del sarampión era elevada y se entiende que la totalidad de la población se infectó y pasó la infección natural.”

La clave: la altísima transmisibilidad

El catedrático de Parasitología de la Universidad de Valencia, Rafael Toledo, aporta otro elemento esencial para entender la situación: la biología del virus.

Nos ha comentado que “lo que caracteriza al virus del sarampión y que lo diferencia de otros es, fundamentalmente, su capacidad de transmisión. Es decir, tiene un número básico de reproducción, de un R₀, entre 12 y 18. Es el virus que se conoce con mayor capacidad para transmitirse; una persona infectada puede infectar hasta 18 inicialmente.”

Esa característica explica por qué, cuando el virus entra en una comunidad con personas no vacunadas, puede generar brotes rápidos. Aun así, Toledo matiza que no estamos ante una expansión generalizada: “Realmente ahora mismo el riesgo de que el sarampión sea endémico en España es bajo. Pero es bajo porque tenemos unas tasas de vacunación muy altas.”

Y precisa un criterio fundamental: “Para que sea endémico se tiene que dar una circunstancia: y es que el virus esté circulando en el país durante más de doce meses. Eso ahora mismo no ocurre. Lo que ocurre es que hay casos importados que generan pequeñas cadenas de transmisión, pero que se cortan. No duran doce meses. Por lo tanto, no se puede considerar que el sarampión sea endémico en España ahora mismo.”

Sin embargo, advierte: “En el momento en el que esas tasas de vacunación bajen, el riesgo de que sea endémico va a aumentar porque la probabilidad de que aparezcan casos va a ser mucho mayor.”

Qué implica para el sistema sanitario

Hernández-Merino subraya que la decisión de la OMS obliga a reforzar actuaciones concretas, como “reforzar los procedimientos y protocolos para la identificación precoz de casos sospechosos (…) promoviendo el estudio epidemiológico y microbiológico precoz y completo de todos ellos, así como el aislamiento de estos pacientes mientras no se descarte la infección o se considere que ya no son contagiosos.”

También insiste en “reforzar el cumplimiento de la vacunación” y en la “búsqueda activa de bolsas de población e individuos susceptibles”.

El papel de Atención Primaria, pediatría y urgencias es central en la detección, aislamiento, notificación y estudio de contactos. De hecho, el Ministerio de Sanidad comunicó que, junto con el Instituto de Salud Carlos III y las comunidades autónomas, está revisando y actualizando su plan estratégico para la eliminación del sarampión y la rubeola. La estrategia pasa por reforzar la vacunación, especialmente en la segunda dosis, intensificar la vigilancia epidemiológica y aumentar la sensibilización de la población.

La vacuna sigue siendo la herramienta clave

La Asociación Española de Vacunología recuerda que el sarampión es “una enfermedad muy contagiosa, con una tasa de contagiosidad o transmisibilidad cercana o superior al 90%” y que “requiere niveles de inmunidad del 95% o más de la población para interrumpir su transmisión y eliminarlo de la comunidad” .

La evidencia disponible indica que la mayoría de los casos confirmados se concentran en personas no vacunadas o con pauta incompleta.

El sarampión no es una enfermedad leve

Aunque la mayoría de los casos se resuelven sin complicaciones, puede provocar neumonía, encefalitis e incluso la muerte, especialmente en menores de cinco años y adultos no inmunizados. De hecho, otros estudios han encontrado que el sistema inmunitario puede tardar entre dos y tres años en recuperarse por completo. Esto significa que, durante ese tiempo, los niños pueden ser más susceptibles a otras infecciones, incluso a aquellas contra las que antes estaban protegidos. Un estudio publicado en Science encontró que niños no vacunados que contrajeron sarampión perdieron entre el 11 % y el 73 % de sus anticuerpos, aumentando su riesgo de sufrir enfermedades como neumonía, gripe o infecciones bacterianas.

Otra complicación grave es la panencefalitis esclerosante subaguda (SSPE), una enfermedad neurológica mortal que puede aparecer años después de una infección por sarampión. Una revisión que analizó los casos de sarampión en California entre 1988 y 1991 determinó que la SSPE afectó a 1 de cada 1.367 niños no vacunados menores de cinco años. Por estos mismos motivos, los expertos creen que la vacunación contra el sarampión ayuda a su vez a reducir la incidencia y la mortalidad en sí tanto del propio sarampión como de otras infecciones.

En síntesis

La pérdida del estatus de país libre de sarampión no implica que España atraviese una crisis sanitaria ni que la vacuna haya dejado de funcionar. Refleja que se han producido cadenas de transmisión que no cumplen los criterios de interrupción sostenida exigidos por la OMS.

Los expertos coinciden en que el riesgo para quienes están correctamente vacunados es muy bajo. El desafío está en mantener coberturas superiores al 95% con dos dosis, reforzar la vigilancia y cerrar las brechas de inmunidad en colectivos específicos.

La eliminación del sarampión no es un logro irreversible. Depende de la continuidad de la vacunación y de la capacidad del sistema sanitario para detectar y cortar a tiempo cada cadena de transmisión.

Referencias:

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