LO QUE SE AFIRMA
“Las vacunas contra la COVID-19 provocaron una tasa de aborto espontáneo del 82% entre las mujeres vacunadas durante el primer o segundo trimestre.”
“Las vacunas contra la COVID-19 provocaron una tasa de aborto espontáneo del 82% entre las mujeres vacunadas durante el primer o segundo trimestre.”
La publicación de unos mensajes privados de Anthony Fauci de enero de 2021 ha reactivado una afirmación que circula desde hace años: que las vacunas contra la COVID-19 habrían provocado una tasa de abortos espontáneos del 82% entre las mujeres vacunadas al comienzo del embarazo.
El senador republicano Ron Johnson sostuvo el 10 de agosto de 2026, en un vídeo de Fox News Digital, que existía una tasa del “82%” entre mujeres que habían recibido la vacuna durante el primer o segundo trimestre. La afirmación procede de una interpretación de datos preliminares publicados en 2021 en The New England Journal of Medicine (NEJM).
La controversia se amplificó posteriormente en X. En una publicación citada por el profesor clínico asociado de enfermedades infecciosas de la Universidad de Stanford, Jake Scott, el senador Ted Cruz afirmó que Fauci había “encubierto” que la segunda dosis conllevaba un riesgo de aborto espontáneo del 82%. Scott respondió que ese porcentaje procedía de un error con el denominador. Su publicación acumulaba 130.100 visualizaciones el 12 de agosto, según los datos mostrados por X facilitados para esta verificación.
Los documentos recién divulgados son auténticos y muestran que Fauci planteó en privado una posibilidad teórica sobre el aborto espontáneo. Pero ni esos mensajes demuestran que las vacunas causaran abortos en el 82% de los embarazos ni los estudios posteriores respaldan esa cifra.
El intercambio se produjo el 25 de enero de 2021 entre Fauci, entonces director del Instituto Nacional de Alergias y Enfermedades Infecciosas; Rochelle Walensky, directora de los CDC; y Vivek Murthy, que posteriormente sería cirujano general de Estados Unidos.
Murthy preguntó por el momento más adecuado para vacunar durante el embarazo. Fauci contestó inicialmente que no conocía datos ni una razón teórica para preferir la vacunación al principio o al final de la gestación.
Horas después añadió otra consideración. Fauci señaló que algunas personas experimentaban una respuesta inflamatoria importante y fiebre tras la segunda dosis y planteó que esto ‘teóricamente’ podía asociarse con un aborto espontáneo durante el primer trimestre. El documento difundido por los senadores Johnson y Rand Paul confirma ese mensaje.
La palabra clave es “teóricamente”. El mensaje planteaba una hipótesis en enero de 2021, cuando todavía existían pocos datos sobre vacunación durante el embarazo. No comunicaba el resultado de un estudio ni cuantificaba un riesgo observado.
De hecho, el primer trabajo del registro v-safe publicado meses después advertía expresamente de que los datos disponibles todavía eran preliminares y que era necesario seguir a más mujeres vacunadas durante las primeras fases del embarazo.
El porcentaje procede de reinterpretar ese primer estudio del registro de embarazos v-safe de los CDC, publicado inicialmente en abril de 2021 y posteriormente en el número de junio de NEJM.
Los investigadores habían registrado 3.958 participantes. Cuando se cerró aquel análisis preliminar, solamente 827 tenían un embarazo que ya había finalizado: hubo 712 nacidos vivos, 104 abortos espontáneos, un mortinato y otros diez embarazos ectópicos o abortos inducidos.
El artículo presentó inicialmente los 104 abortos espontáneos sobre los 827 embarazos completados, es decir, un 12,6%. Esa operación tenía un problema que los propios investigadores reconocieron posteriormente: 700 de esas 827 participantes habían recibido la vacuna durante el tercer trimestre, cuando ya habían superado el periodo utilizado para definir el aborto espontáneo.
NEJM corrigió posteriormente la tabla y eliminó el cálculo 104/827. Los autores reconocieron expresamente que 827 “no es un denominador apropiado” para estimar el riesgo de aborto espontáneo.
Pero eliminar esas 700 mujeres y dividir simplemente 104 entre las 127 restantes tampoco soluciona el problema. Ese cálculo produce aproximadamente un 82%, pero selecciona un grupo en el que estaban sobrerrepresentados precisamente los embarazos que ya habían terminado.
Faltaban muchas mujeres vacunadas durante las primeras etapas cuyo embarazo continuaba cuando se cerraron los datos. Es decir, se contabilizaban rápidamente los abortos espontáneos —porque el desenlace ya había ocurrido— mientras numerosos embarazos que seguían en curso o para los que aún no había seguimiento suficiente no podían aparecer entre los embarazos completados.
La crítica metodológica a utilizar 827 como denominador era legítima. Hong Sun señaló precisamente este problema en una carta publicada por NEJM. Pero su conclusión no fue que la tasa correcta fuese del 82%: explicó que para calcularla era necesario estudiar a las mujeres vacunadas antes de la semana 20 y seguirlas durante el periodo en el que podían sufrir ese desenlace.
Cuando hubo más tiempo de observación, los investigadores pudieron hacer precisamente ese análisis.
Un análisis posterior examinó 2.456 participantes que habían recibido al menos una dosis de una vacuna de ARNm antes de la concepción o antes de las 20 semanas. En lugar de dividir simplemente abortos entre embarazos ya finalizados, empleó métodos que tenían en cuenta la semana de gestación y el tiempo durante el cual cada embarazo estaba expuesto al riesgo.
El resultado fue un riesgo acumulado del 14,1%, que descendía al 12,8% después de ajustar por edad materna. Los autores concluyeron que esas estimaciones eran compatibles con las observadas en la población general.
Los propios autores de la investigación inicial explicaron además qué había ocurrido con los datos que faltaban: de 1.224 mujeres vacunadas antes de la concepción o durante el primer trimestre, en 905 todavía no se había realizado un seguimiento suficiente para determinar si el embarazo había superado las 20 semanas cuando se elaboró aquel primer informe.
Ese dato explica por qué convertir 104/127 en una supuesta “tasa de aborto” introduce un importante sesgo.
La evidencia acumulada desde aquel análisis preliminar tampoco ha revelado una tasa extraordinaria de abortos espontáneos entre las mujeres vacunadas.
Un estudio publicado en JAMA en 2021 utilizó datos del Vaccine Safety Datalink y comparó embarazos que terminaron en aborto espontáneo con embarazos que continuaban. El análisis no encontró mayores probabilidades de haber recibido una vacuna contra la COVID-19 en los 28 días anteriores entre los abortos espontáneos que entre los embarazos que continuaban.
En 2023, una revisión sistemática y metaanálisis reunió 21 estudios con 149.685 mujeres. La tasa agrupada de aborto espontáneo entre las vacunadas fue del 9%, y la comparación con mujeres no vacunadas o que habían recibido placebo tampoco mostró un aumento estadísticamente significativo del riesgo.
Hay además un dato especialmente relevante porque procede del registro que originó la polémica. Un análisis publicado en Vaccine en marzo de 2026 incorporó los datos completos de 12.097 mujeres vacunadas antes o durante las primeras 20 semanas de embarazo.
El riesgo acumulado de aborto espontáneo entre las semanas 6 y 20 fue del 10,79%. Los investigadores estimaron también un 13,50% al incorporar las pérdidas anteriores a la sexta semana. Los resultados estaban dentro o por debajo de las estimaciones previas a la pandemia.
Una revisión sistemática de 2026, financiada por Pfizer y con participación de empleados de la compañía entre sus autores, reunió 25 estudios y más de 450.000 embarazos expuestos a BNT162b2. No encontró evidencia consistente de un aumento del riesgo de aborto espontáneo u otros principales desenlaces obstétricos y neonatales, aunque reconoció que los datos específicos del primer trimestre siguen siendo más limitados.
El Colegio Estadounidense de Obstetras y Ginecólogos (ACOG) mantiene en su guía actualizada en marzo de 2026 la recomendación de vacunación contra la COVID-19 para las personas embarazadas, en periodo de lactancia o que estén considerando un embarazo. La organización señala que los estudios realizados durante el embarazo no han mostrado un aumento del riesgo de aborto espontáneo asociado a las vacunas y sostiene que, pese a los cambios en las recomendaciones federales estadounidenses, la evidencia científica sobre su seguridad durante el embarazo no ha cambiado.
Es falso que los datos disponibles demuestren que la vacuna contra la COVID-19 provocó una tasa de abortos espontáneos del 82% entre las mujeres vacunadas durante el primer o segundo trimestre.
La cifra surge de dividir 104 abortos espontáneos entre un subconjunto de 127 embarazos ya finalizados de un estudio preliminar. El problema es que numerosas mujeres vacunadas al principio del embarazo seguían embarazadas y todavía no podían contabilizarse entre los desenlaces finales.
También es cierto que los autores corrigieron posteriormente el cálculo original del 12,6% porque el denominador de 827 tampoco servía para estimar correctamente ese riesgo. Pero esa corrección no valida el 82%.
Los mensajes publicados en 2026 muestran además que Fauci contempló en enero de 2021 una posible asociación “teórica” entre los efectos de la segunda dosis y el aborto espontáneo durante el primer trimestre. Presentar esa hipótesis temprana como prueba de que conocía una tasa del 82% confunde una preocupación planteada antes de disponer de suficientes datos con los resultados obtenidos posteriormente.
El seguimiento del mismo registro y estudios independientes realizados sobre poblaciones mucho mayores no han encontrado el supuesto riesgo del 82%. La evidencia disponible hasta 2026 no muestra un aumento del riesgo de aborto espontáneo asociado a la vacunación contra la COVID-19.
Referencias:
Contenido verificado: 13 de agosto de 2026 a las 14:39 horas
Artículo de verificación actualizado: 13 de agosto de 2026 a las 14:39 horas
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