LO QUE SE AFIRMA
“Los pediatras ganaron millones con las vacunas contra el COVID”
“Los pediatras ganaron millones con las vacunas contra el COVID”
Una publicación del actor y comentarista británico Russell Brand —que tiene más de 10 millones de seguidores en X— vuelve a poner en circulación una acusación recurrente en Estados Unidos: que los pediatras tienen un importante interés económico en que sus pacientes se vacunen. El mensaje, publicado en X el 30 de agosto de 2026 (archivado aquí), acumulaba unas 169.700 visualizaciones en el momento de publicar esta verificación.
“Los pediatras ganaron millones con las vacunas contra la COVID”, afirma Brand en el encabezado del vídeo.
Durante la grabación se asegura además que los incentivos suelen oscilar entre “200 y 600 dólares por paciente completamente vacunado” y que algunos pediatras pueden obtener “un millón o más al año” únicamente gracias a esos pagos.
El problema es que esa descripción mezcla conceptos diferentes: el reembolso por comprar y administrar vacunas, los programas de incentivos de determinadas aseguradoras estadounidenses y los supuestos pagos que recibirían personalmente los pediatras.
La idea de que los pediatras estadounidenses reciben grandes bonificaciones simplemente por conseguir que sus pacientes estén vacunados lleva años circulando en redes sociales.
Uno de los ejemplos más conocidos procede de un antiguo programa de Blue Cross Blue Shield of Michigan. Publicaciones virales llegaron a asegurar que los médicos podían obtener 40.000 dólares por tener 100 niños vacunados y 80.000 por alcanzar los 200.
Associated Press investigó estas cifras y concluyó que eran falsas.
El origen estaba en un programa de incentivos de 2016 que contemplaba un pago relacionado con determinados indicadores de calidad. Las cifras difundidas en redes fueron obtenidas mediante cálculos realizados posteriormente por un blog, no eran las cantidades que la aseguradora prometía pagar a cada pediatra.
Según explicó Blue Cross Blue Shield of Michigan a AP, los pagos reales de aquel programa oscilaron entre 400 y 9.600 dólares por proveedor.
Además, Blue Cross Blue Shield Association señaló que sus distintas compañías regionales establecen sus propios contratos y que la vacunación, cuando forma parte de ellos, no constituye el único indicador evaluado.
Son programas que pueden incluir numerosas medidas de calidad asistencial, desde actuaciones preventivas hasta controles y seguimiento de pacientes.
Por eso, la existencia de incentivos vinculados parcialmente a coberturas vacunales no demuestra que los médicos reciban automáticamente cientos de dólares por cada niño vacunado.
La otra parte que omite esta narrativa son los gastos que supone para una consulta estadounidense ofrecer vacunas.
Las clínicas pueden tener que adquirir previamente las dosis, almacenarlas bajo condiciones específicas, mantener sistemas de refrigeración, gestionar inventarios y dedicar personal a su administración y facturación.
Una investigación publicada por STAT en enero de 2026 analizó datos de reembolso de cuatro grandes aseguradoras, tarifas de Medicaid y testimonios de pediatras. Su conclusión fue que la realidad económica no encaja con la imagen de una actividad que genere enormes beneficios para los médicos.
Las cantidades recibidas dependen del estado, la aseguradora y el tipo de paciente. En determinadas circunstancias puede existir un margen económico, mientras que en otras el reembolso no cubre completamente los costes.
STAT cita además una investigación según la cual un 24% de determinados profesionales de medicina familiar llegó a plantearse abandonar la administración de vacunas debido a sus costes.
The New York Times llegó a una conclusión semejante al analizar en 2025 las acusaciones de Robert F. Kennedy Jr. sobre los supuestos incentivos económicos de los pediatras.
El periódico explicó que las consultas recuperan el coste de las vacunas mediante las aseguradoras y reciben además una tarifa por su administración. Sin embargo, esa cantidad debe cubrir gastos relacionados con personal, almacenamiento, suministros y gestión.
También existen contratos de pago por valor o cumplimiento de objetivos. Pero alcanzar una determinada tasa de vacunación puede ser solamente uno entre numerosos indicadores asistenciales.
Por tanto, ni la existencia de un reembolso por administrar una vacuna ni la de programas de calidad permite concluir que los pediatras estadounidenses obtengan habitualmente entre 200 y 600 dólares de beneficio por cada paciente vacunado.
Trasladar directamente esa afirmación estadounidense a los pediatras españoles sería aún más engañoso.
Jaime Jesús Pérez, médico especialista en Medicina Preventiva y presidente de la Asociación Española de Vacunología, nos ha explicado que los profesionales sanitarios españoles no reciben un pago directo por cada vacuna administrada.
“En España ningún profesional sanitario cobra por vacunar”, señala Pérez. Lo que se remunera es la actividad asistencial y no cada vacunación realizada.
Pérez introduce, sin embargo, un matiz importante: determinados servicios de salud pueden incorporar ocasionalmente las coberturas vacunales dentro de sus objetivos de gestión.
En esos casos no se paga una comisión por cada dosis. La vacunación constituye uno más entre diferentes indicadores asistenciales, como pueden ser el seguimiento del niño sano u otros objetivos sanitarios.
Antonio Iofrío de Arce, pediatra y experto en vacunas por la Universidad Complutense de Madrid, ofrece un testimonio similar.
“En 33 años de carrera como pediatra, jamás he recibido ni me han propuesto ningún incentivo económico por que consiguiera que los niños se vacunaran, ni en el ámbito público ni en el privado”, explica a Factico.
Iofrío señala que tampoco recibió este tipo de pagos cuando recomendaba vacunas que aún no estaban incluidas en el calendario sistemático pediátrico y que las familias tenían que adquirir en las farmacias.
Pepe Serrano Marchuet, pediatra y vocal del Comité Asesor de Vacunas de la Asociación Española de Pediatría, coincide en que los pediatras españoles no reciben pagos por cada vacuna: “No, los pediatras no obtenemos ningún beneficio económico con las vacunas, ni grande, ni pequeño. Ninguno.”
Serrano nos ha señalado, no obstante, la existencia de sistemas de dirección por objetivos (DPO) en la sanidad pública. Estos permiten que una parte de la retribución variable dependa del cumplimiento de determinados objetivos asistenciales.
En Cataluña existen sistemas de dirección por objetivos (DPO) que vinculan una parte de la retribución al cumplimiento de objetivos asistenciales. El propio Institut Català de la Salut los define como un sistema de retribución variable que integra objetivos individuales y grupales. La Sindicatura de Comptes documentó, por ejemplo, que en 2022 el ICS distribuyó en el ámbito que fiscalizó un 40% de esta remuneración en objetivos grupales y el 60% restante en individuales.
Dentro de estos sistemas pueden aparecer objetivos relacionados con actuaciones sanitarias, incluida la vacunación. Serrano explica a Factico que, en determinados ejercicios, mejorar una cobertura vacunal baja puede formar parte de los indicadores de calidad asistencial. Esto no supone cobrar una cantidad por cada vacuna administrada ni por utilizar una marca determinada, sino que el grado de cumplimiento del indicador puede contribuir, junto con otros objetivos, al cálculo de la retribución variable.
El propio ejemplo facilitado por Serrano ayuda a dimensionarlo: si un complemento máximo anual fuese de 5.000 euros, la calidad asistencial representase el 20% y la vacunación tuviera un peso equivalente a un tercio de ese apartado, el máximo atribuible a ese indicador sería de unos 333 euros anuales si se alcanzara completamente el objetivo.
Es, por tanto, un mecanismo de retribución por objetivos asistenciales, no una comisión por dosis.
Existe además una diferencia fundamental entre un complemento salarial establecido por un servicio público de salud y que una compañía farmacéutica pague al médico por administrar sus productos.
La legislación española protege expresamente la independencia de los profesionales sanitarios frente a este segundo supuesto.
El artículo 4 del Real Decreto Legislativo 1/2015, que aprueba el texto refundido de la Ley de garantías y uso racional de los medicamentos y productos sanitarios, establece las denominadas “garantías de independencia”.
Su apartado sexto prohíbe a quienes tengan intereses directos o indirectos en la producción, fabricación y comercialización de medicamentos ofrecer incentivos, bonificaciones, descuentos, primas u obsequios a los profesionales implicados en su prescripción, dispensación y administración. Concretamente, podemos leer lo siguiente: “A efectos de garantizar la independencia de las decisiones relacionadas con la prescripción, dispensación, y administración de medicamentos respecto de intereses comerciales se prohíbe el ofrecimiento directo o indirecto de cualquier tipo de incentivo, bonificaciones, descuentos, primas u obsequios, por parte de quien tenga intereses directos o indirectos en la producción, fabricación y comercialización de medicamentos a los profesionales sanitarios implicados en el ciclo de prescripción, dispensación y administración de medicamentos o a sus parientes y personas de convivencia”.
La referencia a la administración resulta especialmente relevante porque las vacunas tienen jurídicamente la consideración de medicamentos.
El Real Decreto 1416/1994, que regula la publicidad de medicamentos de uso humano, también contempla los incentivos dentro de las actividades promocionales y establece en su artículo 17 la prohibición de otorgar, ofrecer o prometer a quienes prescriben o dispensan medicamentos primas o ventajas económicas o en especie, salvo las excepciones de valor insignificante contempladas por la norma. Concretamente, podemos leer: “Queda prohibido otorgar, ofrecer o prometer a las personas facultadas para prescribir o dispensar medicamentos y en el marco de la promoción de los mismos frente a dichas personas, primas, ventajas pecuniarias o ventajas en especie, con excepción de aquellas que tengan un valor insignificante y que sean irrelevante para la práctica de la medicina o la farmacia”.
La normativa europea contiene una protección semejante. La Directiva 2001/83/CE regula la promoción de medicamentos y establece restricciones a las primas y ventajas económicas ofrecidas a las personas facultadas para prescribirlos o dispensarlos. El artículo 94, por ejemplo, indica que “queda prohibido otorgar, ofrecer o prometer a las personas facultadas para prescribir o dispensar medicamentos y en el marco de la promoción de los mismos frente a dichas personas, primas, ventajas pecuniarias o ventajas en especie, con excepción de aquellas que tengan un valor insignificante y que sean irrelevantes para la práctica de la medicina o la farmacia”, salvo las excepciones de valor insignificante previstas en la norma. La propia Directiva considera las vacunas medicamentos inmunológicos.
Esto no impide, naturalmente, que un profesional sea remunerado por realizar su trabajo sanitario. Una consulta privada puede cobrar legítimamente por prestar un servicio de vacunación y un sistema público puede establecer complementos vinculados a objetivos asistenciales.
Lo que no es equivalente es recibir una comisión comercial de un fabricante por administrar su vacuna.
Por tanto, y a tenor de todo lo comentado a lo largo del presente artículo, calificamos la afirmación difundida por Russell Brand como engañosa.
En Estados Unidos existen aseguradoras y sistemas sanitarios que utilizan incentivos económicos asociados al cumplimiento de objetivos de calidad, y la vacunación puede formar parte de esos indicadores. También existen pagos destinados a cubrir el coste de adquirir y administrar las vacunas.
Pero eso no demuestra que los pediatras reciban generalmente entre 200 y 600 dólares de beneficio personal por cada paciente completamente vacunado ni que puedan obtener habitualmente un millón de dólares al año mediante esas bonificaciones.
Como hemos visto, en relación a Estados Unidos, los datos recogidos muestran una realidad mucho más heterogénea: los incentivos dependen de cada aseguradora y contrato, incluyen múltiples indicadores y los costes de administrar vacunas pueden reducir sustancialmente el margen e incluso ocasionar pérdidas.
En España, además, no existe un sistema general de pago directo al pediatra por cada vacuna administrada. Puede haber complementos públicos vinculados a objetivos asistenciales en los que ocasionalmente figure la cobertura vacunal, pero no son comisiones por dosis ni pagos de los fabricantes.
La legislación española, de hecho, establece garantías específicas para impedir que los intereses comerciales de las compañías farmacéuticas condicionen mediante incentivos las decisiones de los profesionales sanitarios.
Contenido verificado: 10 de septiembre de 2026 a las 12:27 horas
Artículo de verificación actualizado: 10 de septiembre de 2026 a las 12:27 horas
Si te gusta nuestro trabajo y quieres colaborar con nosotros, puedes hacer una donación para apoyar nuestra labor de verificación de hechos. Con tu aportación, nos ayudas a mantener nuestra independencia, nuestra calidad y nuestra credibilidad.